
El mar de plástico
Casi todo el mundo ha oído hablar del mar Muerto y del mar Rojo, pero pocos conocen el mar de plástico. Entonces, ¿qué es el mar de plástico? Es en lo que estamos convirtiendo, de hecho, todo nuestro océano: una gigantesca masa de agua llena de plástico. Ya hay zonas enormes del océano que contienen más partículas de plástico que plancton. La gran mancha de basura del Pacífico es un buen ejemplo: un área más o menos del tamaño de Texas, situada en el centro del Pacífico Norte, donde altas concentraciones de plástico y de otra basura han quedado atrapadas en el giro del Pacífico Norte. Otro ejemplo de la magnitud de esta contaminación son las islas deshabitadas que, aun así, están cubiertas de plástico y de otros desechos. La mayoría de la gente no es consciente del alcance del problema porque casi todas las playas turísticas se limpian a diario y, por eso, no vemos lo grave que es.
El plástico afecta al océano y a otros ecosistemas y, en última instancia, también a nosotros; por eso es de la máxima importancia que hagamos frente a esta amenaza antes de que sea demasiado tarde, si es que no lo es ya.
Para entender el problema hay que entender qué es el plástico, de dónde salió y por qué se ha vuelto un material de empaque tan popular. El plástico es un subproducto derivado de la petroquímica, aunque también puede fabricarse a partir de materiales renovables, como el ácido poliláctico del maíz o los celulósicos del algodón. Su bajo costo y su facilidad de fabricación, su versatilidad y su impermeabilidad son las razones de que los plásticos sean tan populares y de que hoy se usen en casi todo. Que sea un material tan duradero lo convierte en la primera opción para empacar productos, pero al mismo tiempo es justo esa cualidad la que lo vuelve un problema tan grande para los ecosistemas marinos y de todo tipo. En pocas palabras: los plásticos existen desde hace muchísimo tiempo, porque están hechos de polímeros que se encuentran de forma natural en muchas cosas, incluso en nuestro propio ADN; pero no fue hasta 1907 cuando el estadounidense de origen belga Leo Baekeland creó el primer plástico sintético a partir de combustibles fósiles. Fue en 1960 cuando apareció la bolsa de plástico, se hizo popular y desató el boom del plástico. La bolsa se presentó como un artículo de un solo uso, lo que generó problemas de contaminación; en muchos países se ha prohibido para ayudar a combatir el problema de los desechos.
¿Por qué es el plástico tan malo para el océano y, en última instancia, para nosotros? Pues bien, con todo el plástico que echamos al mar es inevitable que las criaturas marinas se lo coman. Por ejemplo, muchas especies de tortugas y de ballenas comen medusas, que resultan indistinguibles de una bolsa de plástico flotando en la corriente; ese plástico se les queda atascado en el aparato digestivo y les provoca una muerte lenta y dolorosa. Cuando el plástico queda expuesto al sol y al agua salada el tiempo suficiente, se rompe en pedazos más pequeños, aunque nunca hay menos plástico: solo pedazos más pequeños que suman la misma masa total. Eso permite que lo consuman animales más pequeños, y de ahí sube por toda la cadena alimentaria hasta llegar a nosotros. Cuando ingerimos plástico sin saberlo a través de nuestra comida, nos exponemos a riesgos de todo tipo: toxicidad directa por el plomo, el cadmio y el mercurio que contienen los productos plásticos; sustancias cancerígenas, como en el caso del ftalato de dietilhexilo (DEHP); y alteración endocrina, que puede derivar en cáncer, defectos congénitos, supresión del sistema inmunitario y problemas de desarrollo en los niños, por nombrar solo algunos.
Ahora que entendemos un poco mejor cómo empezó todo esto, ¿hay algo que podamos hacer para combatir este problema que no deja de crecer? Hay muchas cosas que podemos hacer, y que ya estamos haciendo, a muchos niveles. Retirar el plástico que ya está en el océano mediante limpiezas de playa o de arrecife, como la que hacemos aquí en Roatán con Splash Inn, es una manera de ayudar; pero solo puede hacerse a muy pequeña escala y apenas retira una parte mínima del plástico que ya llegó al mar. También existen proyectos capaces de limpiar plástico y otra basura a una escala mucho mayor, como el de Boyan Slat, quien a sus 19 años presentó los planes de una plataforma de limpieza oceánica que podría retirar 725,000 toneladas de plástico del océano. Sin embargo, sacar el plástico del mar no es la solución a nuestro problema con el plástico: más bien deberíamos evitar que llegue allí, siendo más conscientes de cómo nuestra actividad afecta a nuestro entorno y alejándonos del plástico y de los productos no biodegradables.
Espero sinceramente que despertemos y asumamos la responsabilidad de poner fin a esta destrucción del hermoso ecosistema marino del que todos dependemos, al final, para sobrevivir; porque si no lo hacemos, sufriremos las graves consecuencias de nuestra propia ignorancia.


